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Diego Mandri

La mañana se presentaba tibia en Boedo, el sol bañaba las veredas de Inclán y Muñiz. Una ronda de mate ayudaba a digerir el trago amargo de la dilación en el estreno del Poli. La esquina se poblaba lentamente de camisetas azulgranas, vecinos que brindaban el buen día y algunos curiosos.

Desde el muro que da a la calle Muñiz dos miradas profundas parecen dar su aprobación, contemplan lo más elemental.

El barrio. Su gente. El amor por sus calles, por esos colores.

Esas miradas saben que el anhelo de ese grupito es devolver al barrio lo que le han quitado, y no solo hablamos de un estadio de fútbol, sino, de la identidad cultural, social y de pertenencia.

Porque de pertenencia se trata mucho esto, los hinchas de San Lorenzo sienten que son de Boedo aún cuando jamás han vivido ni cerca de aquí.

mural_02La Sch Casla con sus voluntarios, el artista Pablo Hellmunt y el programa Compromiso Barrial se ocuparon de llenar un capítulo más en la historia de embellecer el barrio, pintando un enorme mural conmemorativo,  acompañados en la mirada y espíritu de confraternidad del Grupo artístico de Boedo, el vocal de HCD Casla Mariano Colángelo , Grupo Mil Flores, Casa del Vitalicio y otras entidades referentes del barrio.

Como ejemplo de coherencia y capacidad de trabajo basta escribir que hace 10 años el mismo artista y la misma Subcomisión del Hincha, pintaron al fundador de nuestro club en las paredes del antiguo predio Lorenzo Massa, actual Polideportivo Roberto Pando. En aquella oportunidad, fue una acción concreta y decidida para sumar valor, ante el total desinterés oficial  y concientizar de la necesidad de recuperar este terreno vital para el patrimonio y los sentimientos cuervos.

Hoy la cuestión es diferente y ya conocida por todos, el predio recuperado y a punto de su inauguración oficial.

Sobre Muñiz otra vez, esas miradas sabias entienden que la vuelta es imparable. Cruza de la vereda opuesta el polvillo de las paredes lijadas, el olor a pintura fresca y las miradas agitadas de aquellos que dan una nueva cara al futuro centro de donaciones. Hacia donde miran los ojos del Padre Lorenzo ven compañeros trabajando con el espíritu de traer su mensaje en estos nuevos tiempos, a su lado, el gordo, Osvaldo Soriano ríe y fuma.

Y está feliz. Sabe que volvimos.

 

 

 

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