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Diego Mandri

Detrás de las luces de los grandes medios y las declaraciones rimbombantes en San Lorenzo también existe la mediocridad.

En este caso el escenario fue la confitería de la Ciudad Deportiva, allí hace algunos días el artista cuervo Pablo Hellmun y su socio artístico Víctor Marley hicieron gala de su talento pintando murales enormes que hacían referencia al ídolo santo Pipi Romagnoli y a la obtención de la Copa Libertadores de la mano de Patón Edgardo Bauza.

Desbordante de colores y predominadas por el azulgrana, la obra fue solicitada por el nuevo responsable de la concesión de dicho establecimiento gastronómico y según nuestra fuente, aprobada por la intendencia.

Hasta allí todo bien, la obra fue expuesta en las redes sociales y el publico sanlorencista lleno de elogios, emoción,  comentarios o criticas los distintos posteos. El denominador común era el interés de la gente por verla en vivo, cuando se anuncie la reinauguración del bar.

Sin embargo, a alguien pareció no gustarle. Esa persona decidió actuar en consecuencia. Esa consecuencia fue mandar a dos empleados a pasar el rodillo con pintura blanca sobre la obra de Pablo. Así sin más, como una perfecta metáfora de lo sencillo que es destruir lo que tanto esfuerzo se necesito para construir.

Tan fácil y despreocupado como un rodillo y una lata de 20 litros de pintura blanca borraron en minutos aquello que contenía sueños, talento, amor…en definitiva…arte.

Olvidemos los gustos sobre el arte impresionista de quien mando a tapar la obra. Lo que nos preguntamos es si no cabía la posibilidad de que el artista se entere de primera mano y no por redes sociales. Supongamos que en CASLA sí existe el totalitarismo de decidir que es buen arte y que es mal arte, ante ese escenario no podría haberse tomado la delicadeza de advertir al artista que su obra no correspondía con el ideal “cool primermundista” que se desea? Supongamos que el arte de Pablo es demasiado cuerva, futbolera y azulgrana…y eso no fuera lo que se pretende de dicho espacio…

¿No sería pertinente al menos contarnos a todos los hinchas porque mandaron a borrar una obra artística?

¿No saben que el arte no se borra, los libros no se queman y los cuadros no se roban?

Parece que no, en un San Lorenzo que cada vez, dista mucho de ser de los socios.

NDR: Pablo Hellmun, artista sanlorencista. Pueden verse algunas de sus obras en la Casa del Vitalicio, en la tribuna local del Nuevo Gasómetro y cuenta con muchas otras en las inmediaciones del barrio de Boedo.

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