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Pasto Sagrado

 
El pitazo final retumbó en sus oídos como nunca antes, anunciaba el final del match, el dramático fin, Vicente se apoyó en el viejo tablón para sentarse y con una mano lo acarició, la madera gastada lloraba de dolor, los pasos de la gente en despedida la hicieron rechinar; sacó de su bolsillo un viejo peine y se acarició las canas, se tomó la cabeza como incrédulo y esperó. Permaneció sentado hasta que no hubiese nadie a su alrededor, bajo como quien baja un tobogán y se abrazó al alambrado, un cuidador sacaba la red de un arco y lo miró, aquel hombre ni se percató que Vicente lo miraba fijamente, lo chistó y juntando las manos le imploró , el hombre sacó de un llavero la llave del candado y lo dejó pasar, al pisar el suelo recordó cuando en ese campo de juego astros de su infancia lo hicieron delirar, se arrodilló y tomó un puñado de pasto como si fueran rosas de un maravilloso jardín y las guardo en el bolsillo de un saco gastado.
 
Los cincuenta minutos de viaje hacia su casa en colectivo los transitó como un zombi y con una mano golpeaba su cabeza como se golpea a un viejo televisor para que sintonice un canal, se pasó de su parada, como en un sueño que creía que no era real. Caminó a su casa las veinte cuadras en silencio, mirando las baldosas pasar, al llegar al hogar lo esperaban su esposa y su hija, abrió la puerta y su mujer lo abrazó, con el corazón roto y el alma en un puño se largó a llorar, como se llora la pérdida de un hermano, un padre. Le pidió un vaso de agua a su hija y sacó del bolsillo ese puñado de historia hecho pasto, lo remojó y salió al jardín. Con las manos tejió la tierra y sembró aquel tesoro en el fondo de su casa.
 
Un pedacito del Gasómetro de Av La Plata, mítico estadio y corazón del Club San Lorenzo de Almagro crece hoy día en aquella casa de Buenos Aires.
 
Martín Cutino.
Julio 2017-.

 

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