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EL ORGULLO DE PERTENECER.

 

Florencia Castro.

Ese día no fue uno más. El 30 de septiembre último fue la despedida del mes de la Primavera, y también el día en que el tiempo se llevó con él más de 12 años de trabajo y 5 de Fideicomiso.

La sede de Av. La Plata desbordaba. Y no había evento deportivo, ni venta de entradas…Pasar por la vereda por momentos parecía odisea, ya que una larga fila de personas asomaba con su contrato en la mano, y el corazón a mil por horas. Boedo se había transformado en cuna de nuevos héroes. Esos anónimos que jamás pidieron nada a cambio, tan solo se comprometieron con un granito de arena –o mejor dicho un m2- para colaborar con la Vuelta a Tierra Santa.

Pero no son los únicos. Como ellos, ya son más de 26.000 los que confiaron desde el día cero, los que pusieron sus sueños en manos de sus pares, los otros sanlorencistas, unidos por un objetivo que será eterno: el de poner la historia en su lugar, el de dejar para siempre a San Lorenzo en Boedo.

Y como todo camino, este también será largo. Pero valdrá cada esfuerzo. Por los que estuvieron, por los que están y los que vendrán.  En el que será un camino marcado por el esfuerzo, por el amor y sobre todo por el orgullo de pertenecer a ese Nosotros que incluye a una gran familia y llevará a cada cuervo a lo más alto.

 

Toda una vida por los colores.

Ese 30 de septiembre fue más especial aún, pasado el mediodía. Es que jugaba San Lorenzo vs. Colón con la previa del clásico ritual en el campo de juego. Un nuevo grupo de héroes refundadores sellarían para siempre su paso a la historia grande del Club.

Fueron más de 100 cuervos esa tarde en busca de su carnet. Entre ellos, una con una historia muy particular. Se trata de María Luisa Felisa Rabadán quien, junto a su familia, su compañero con ruedas y sus 90 añitos se acercó al Bidegain para demostrar cuánto quiere a San Lorenzo y cuánto daría por vivir de nuevo sus mejores épocas. Esas que supo construir en el barrio, en el Viejo Gasómetro.

 

/Fuente: Foto SL.

 

“Me siento tan emocionada que tengo ganas de llorar. Para mí significa muchísimo porque sufrí tanto cuando no estábamos que poder volver me parece mentira, porque nos habían usurpado. ¡Hay que volver!”, enfatizaba María en una mezcla de emoción y nostalgia…

Nació cuervo, dirá la partera.

Pero no solo el pasado resurgió en los recuerdos de los refundadores. El presente, más fuerte que nunca, motivó a seguir la lucha y se hizo eco en la esperanza depositada en el futuro.

Natalia y Joaquín, en espera de Manuel- el cuervito en camino- conmovieron a todos, en un acto de amor maravilloso que reafirmó, una vez más, una identidad forjada en el barrio, en los colores y en la familia.

“Es una emoción inmensa. Hacía rato que estaba en los listados y hace unos meses nos enteramos de la noticia que vamos a ser papás y decidimos esperar para recibirlo juntos con el cuervito, con Manuel, así que feliz. Esto es parte de mi historia, de mi familia, de mi viejo, es parte de nuestra identidad”, confesaba Natalia, con su compañero al lado, mirándola, con los ojos aguados esperando su momento.

/Fuente: SCHCASLA.

 

“Estoy muy contento. Para mí San Lorenzo es…. era mi lugar cuando no andaba bien. Estoy muy contento, más ahora que vamos a ser papás. Es lo más lindo que tengo”, expresaba Joaquín como podía, con la voz quebrada y el corazón en la mano.

De Boedo a la eternidad.

La previa en el Bajo vibraba con los latidos de los corazones de cada nuevo Socio Refundador. Pero cuando Mónica abrió el suyo, sus latidos se multiplicaron para compartir una historia más, pero no cualquiera. La de ella, la de su hijo. La de su familia y de San Lorenzo.

/Fuente: SCHCASLA.

“En realidad es mi hijo (el Socio Refundador), Martín Sebastián Maldonado, que lamentablemente falleció en un accidente. Tenía 25 años. Él acompañó en todas las marchas, era fanático de San Lorenzo. Él soñaba volver a ver la cancha ahí. En honor a él compramos el m2, porque queremos que él esté en la historia del Club, como él soñaba…” confesaba la madre cuerva, con los sentimientos a flor de piel, junto a la ahijada de Martín, orgullosas por ser parte.

En su nombre – y en el de tantos que ya no están- se hizo presente, se comprometió por la causa y los colores. Así como lo había hecho horas antes, cuando en la Sede de Av. La Plata rubricaron un contrato por otro m2 más para su familia.

“Por él estamos acá. Vinimos a buscar el carnet y cumplirle el sueño a él, que decía que iba a venir con su ahijada. Él no llegó, pero yo estoy en nombre de mi hijo acá, compartiendo esta pasión que tanto amaba. Decía de la cuna hasta el cajón y se fue con su ropa de SL y su corazón sé que está con San Lorenzo”.

 

Como la historia de Maria Luisa, o la de Natalia y Joaquín, o la de Mónica y su hijo, Sebastián, hay miles. Unos 26.000 con un poco más de exactitud. Y cada día que pasa son ellos los que escriben las páginas más lindas en la gloriosa historia de San Lorenzo.

Falta mucho, sí. Pero el puntapié inicial ya fue dado. Seguirán ellos en este largo camino a casa, como los principales guardianes, alertas, para que el día de mañana estos momentos se conviertan en gratos recuerdos de la mayor felicidad de sus vidas -cuervas-.

Por eso, cuando pregunten ‘de qué barrio sos’, cuentenle esta historia de destierro, de identidad y de pertenencia. ¡Hablen sobre la Vuelta a Boedo!

 

 

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