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La Memoria, la Verdad y la Justicia se abrazaron en la Casa de la Cultura Sanlorencista.

 

Un rostro joven, de costado, sonriendo, con el dedo pulgar en alto. Otro con la mirada profunda, de esas que penetran, entre tanto pelo, entre tanta barba. Y un tercero; el de un hombre más adulto, con rastros de su experiencia – y acaso sus vivencias- en sus ojos y su cabeza. 

Florencia Castro.

Los tres son hombres. Los tres sufrieron y fueron maltratados por un Estado que parece impune. Jonathan, Santiago y Julio tienen en común más de lo que cualquiera podría imaginar….

Y no es solo el tener a sus familiares reunidos, hundidos en un abrazo de comprensión y emoción, en la Casa de la Cultura Sanlorencista un miércoles por la tarde. Tampoco que los tres están impresos, en blanco y negro, en una remera clara. Se trata de un dolor común; ese que los atravesó y ahora marca la vida de sus familias para siempre.

Los tres fueron víctimas de desapariciones forzadas durante la Democracia. Y a uno de ellos, sus familiares lo siguen esperando.

 

Por siempre Kiki.

“Me paro en el dolor y sigo adelante”. Así resumía Angélica Urquiza entre emoción e impotencia, al relatar su lucha diaria tras haber perdido a su hijo.

Jonathan Lezcano, de 17 años, más conocido como Kiki en la villa 20 de Lugano, se había despedido de su madre por última vez la tarde del 8 de julio de 2009, cuando salió para visitar a su novia. Se fue y nunca más volvieron a verlo.

A Kiki lo mató la Policía Federal. Esa misma Policía que, según Angélica, había asegurado que nadie reclamaría a su hijo por ser un “negrito de mierda”. Con tal impunidad actuó la fuerza policial en ese entonces llevándose la vida de él y la de otro pibe de Lugano. Con la misma que el Estado desapareció su cuerpo y toda prueba del delito. Esa que hoy tiene al juicio en suspenso (esperando por una nueva apelación), con el mayor sospechoso libre y una familia que resiste día a día.

“Que tengan consciencia aquellos que mataron a nuestros jóvenes porque no es al azar. Esto es así, represivo. En Villa Lugano tenemos cuatro fuerzas diferentes. Todos hacen lo mismo, le pegan a los pibes ” contaba con impotencia ante tanta impunidad…

Pese a todo, Angélica hoy mantiene vivo el recuerdo de Kiki a través de actividades, fiestas, torneos de fútbol en el barrio, tal como a él le gustaba. Y pone todo el amor que le tenía a él en sus otros hijos y en la “Casita de Kiki”, donde se brinda a los chicos de la zona talleres, un plato de comida o simplemente contención de familia.

 

Dos veces decimos no. 

El drama de una madre que espera por su hijo se repite cada vez que alguien falta de su casa. Julio – o Tito, como le decían los más íntimos- también se ausentó de la suya pero pudo volver. Al menos la primera vez.

A Jorge Julio López, el de la remera, el mismo del famoso juicio en donde se condenó a Miguel Etchecolatz, había sido secuestrado en el ‘76 por un grupo de tareas de la Policía Bonaerense. Volvió a desaparecer tras haber declarado contra el genocida, el 18 de septiembre de 2006, sin siquiera haber escuchado la condena perpetua que la Justicia dispuso.

“Nosotros sabemos que el ya no está vivo, porque no creo que le hayan dado sus medicamentos…”, afirmaba Claudio De Simone -sobrino de Julio- con resignación ante la atenta mirada del público en la Casa de la Cultura. Porque aunque se siga pidiendo por su aparición la realidad es casi inevitable…

Han pasado ya 12 años y aun nada se sabe de su paradero. Como Claudio, toda una familia espera. A ese hombre de campo, nacido en General Villegas, que solo tenía cariño para darle a los más chicos y convicción para luchar con los más grandes.

 

La voz que jamás se va a callar. 

La televisión, los diarios, la radio, las redes sociales, los funcionarios públicos… Todos hablaron de Santiago. Incluso las canchas de fútbol lucieron trapos pidiendo su aparición.

Como exhibió San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro. Como intentó hacerlo de nuevo, antes del partido vs. Patronato en la fecha 7. Pero no pudo: por tratarse de un mensaje político, según la misma Policía.

Santiago Maldonado estuvo desaparecido 77 días desde el 1° de agosto de 2017, tras la violenta represión de Gendarmería en la Lof en resistencia Cushamen, Chubut. Su cuerpo sin vida fue hallado el 17 de octubre en medio de un operativo de impunidad a gran escala.

“Él ahí era un hippie roñoso, después el artesano, pero siempre menospreciando a la persona. Pero sí De Angeli cortando la ruta en la época del campo después es senador… depende la vara, si está bien o está mal. Esta bien que un terrateniente como Benetton tenga 1 millón de hectáreas y por ahí está mal que alguien que no tiene un techo ocupe una tierra que es del pertenece al Estado y es un ocupa, un ilegal”, cuestionaba de inmediato Sergio en complicidad a los ojos conmocionados que lo miraban atentamente.

La Justicia finalmente determinó que Santiago se ahogó en el Río Chubut, 400 metros río arriba de donde fue visto por última vez. La visibilidad del caso y la desinformación destrató no solo a la familia sino también al mismo Santiago que quedó en medio de un circo mediático en el que el Estado pretendía ser la víctima.

Pero entre tanta mala, el universo del fútbol apareció, una vez más, para la buena: hacerse eco de algunas de las tantas historias inundadas de injusticias, para no olvidarlas o para gritar, a coro,como en las tribunas de cada estadio, para que todo el mundo sepa de ellas.

Con la Subcomisión de D.D.H.H del CASLA al frente, el barrio de Boedo volvió a ser testigo de un gran encuentro: el del miércoles 26 de septiembre con un denominador común: el dolor. Ese dolor que tuvo al fútbol como escenario perfecto para seguir construyendo la memoria, por la verdad y la justicia.

Y así se seguirá siendo.

 

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*Sobre la figura “desaparición forzada” en el Código Penal Argentino:

http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/180000-184999/181888/norma.htm

https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-166240-2011-04-14.html

 

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